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Cultivando Bonsais

Hace unos 25 años que me interesé por los bonsais. Todo surgió cuando una buena amiga me regaló  el primer arbolito que iba a tener en mi vida, pero que desde luego no iba a ser el último.

Revisando la humedad de la tierra. En el tórrido verano madrileño un constante cuidado resulta imprescindible.

Se trataba de un bonito ejemplar de Zelkova serrata . Era un ejemplar adulto y bien alambrado y, desde luego, muy por encima de los conocimientos y capacidades que debía  tener entonces.  Debo aclarar aquí que conocer y cuidar bonsais, y sobre todo “hacerlos”, requiere mucho  tiempo, práctica y estudio y que ni siquiera los más de 25 años que llevo practicando me permiten responder a una buena parte de las preguntas que me surgen en esta actividad.

Los bonsais no son árboles enanos ni contrahechos. Al contrario son auténticas esculturas vivas que aúnan en si mismos la belleza de las esculturas y esa inmensa magia que llamamos “vida”.

Hay que empezar afirmando que los árboles crecen en todas las situaciones imaginables. Y, desde luego, también en emplazamientos aparentemente precarios como las rocas o los acantilados. En esos lugares vivirán, en incluso contribuirán a modificar su entorno (desgajando peñas, etc.), y se desarrollarán con singular belleza. Las rocas formarán unas oquedades y concavidades en las que se acumulará tierra y sedimentos en los que las semillas de los árboles que allí lleguen podrán enraizar.

Enebro (Juniperus comunis) sobre una peña. Guadalajara (Nov. 2011)

En estas fotos podemos ver algunos muy especiales recogidos en nuestras excursiones en distintos lugares de España.

En realidad, lo único que pretendemos con el cultivo de los   bonsais es “imitar a la Naturaleza”.   Se trata de reproducir en una maceta aquellos árbolitos que ya se producen de forma natural, en total libertad  y sin intervención alguna de la mano del hombre.

Como ya comentaba antes, en realidad son “esculturas vivas” que requieren de nosotros mucho esfuerzo y una total compenetración con el ser (“árbol”) que estamos criando en esa situación tan peculiar y que, por tanto, requiere y nos demanda un cuidado constante.

Retoños de Pinus Sylvestris creciendo sobre rocas y arenas. (Guadalajara 2010)

Los “bonsais naturales” (expresión que sirve para definir estos árboles que crecen en su entorno natural, pero que es confusa ya que bonsai significa “arbol en maceta”) se encuentran en los sitios más inesperados pero,  sobre todo, si se buscan con cuidado en los roquedos cerca de los ríos o del mar, donde se cuente con bastante humedad en el ambiente.

El intento de cultivar bonsais no es más que una forma de imitar a la Naturaleza

Se trata de encontrar los métodos y características que permiten que árboles tan maravillosos se puedan desarrollar en condiciones, en principio, tan adeversas. Allí donde puede enraizar mínimamente, allí habrá un árbol.

El verano de 2010 hicimos una excursión familiar a San Andrés de Teixido (en La Coruña) y cuando íbamos llegando paramos un momento para contemplar mejor el paisaje espectacular; lo que define cualquier sitio de esa maravillosa costa atlántica.  Siguiendo mi costumbre busqué por allí por si había algún grupo de piedras en el que hubiera podido crecer un bonsai. En efecto encontré este maravilloso ejemplar de pino gallego (pinus maritima) que se puede contemplar gracias a una estupenda foto de mi hijo Pablo.

Maravilloso ejemplar de Pinus maritima. San Andrés de Teixido. La Coruña (España)

A pesar de lo que aparenta este vetusto ejemplar (que no me extrañaría que rondara los 80 o 90 años) seguía muy vivo con alguna de sus ramas verdes. Por supuesto allí se quedó para hacer las delicias de los visitantes que llegaran a la zona.

Los bonsais requieren todo el cuidado y la atención posibles para desarrollarse con equilibrio y buena salud. Hay expertos que dicen que los bonsais son reproducciones en miniatura de los árboles que crecen en los bosques, y que por tanto deben recordar sus formas manteniendo, al tiempo,  sus capacidades reproducatoras (flores y frutos).

Almendros en flor.

Otros, mucho más modestos en nuestras pretensiones, nos contentamos con cuidar estos árboles durante su crecimiento tratando de que tengan todo lo necesario para crecer, un poco a su aire, con la máxima belleza y salud.

A los bonsais hay que aportarles, además de mucho cariño, todo lo necesario para su desarrollo natural. Por eso resulta muy gratificante cuando se observa un desarrollo floral como el que presentaban estos almendros en flor.  Durante unos pocos años se adaptaron muy bien  a su crecimiento en maceta (bon-sai) pero,  no pudieron soportar los rigores del siguiente invierno madrileño, que resultó especialmente duro.

En cualquier caso hace años que me estoy orientando hacia la flora autóctona española criada al aire libre, con la pretensión de que los arbolitos cumplan su ciclo anual de cuatro estaciones. Trato de mantener la máxima naturalidad en su crianza.  En esta foto se puede ver como les cubrió una intensa nevada del invierno 2009-2010 (Madrid, España).

Los bonsais en invierno sobreviven al aire libre y aceptan las inclemencias del tiempo

Si quieres ver alguno de mis ejemplares te invito a visitar mi colección de bonsais en este mismo blog.   Colección de bonsais.